sábado 9 de julio de 2011

Adiós maestro Cabral

Hoy es un día aciago. Mataron a Facundo Cabral, el hombre que le cantó a la paz, al amor, a la libertad y que hizo de su vida una poesía. Para mí nada mejor que rendirle un pequeño homenaje en esta recopilación de algunas de sus mejores frases y sentencias.
Hoy la tierra está triste pero el cielo está de fiesta, y tú seguramente ya estás reunido con tu madre, tu esposa y tu hija. Adiós maestro, gloria eterna a tu memoria.


“Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos.“

“Cuando me marché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acompañó a la estación, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el primero fue darte la vida y, el segundo, la libertad para vivirla.”

“ Me gusta volver a Roma, principalmente al Trastébere. Una tarde de otoño me encontré, en el Campo di Fiori con un señor al que todos quisimos mucho. Le estaba echando migas a las palomas. En aquella época el maestro tenía 88 años. Estaba allí, con su mujer. No me pude resistir; me acerqué y le dije: ¿Es usted quién yo creo? Me contestó. ¡Yo soy el que tú quieras! Entonces le dije: ¡Es usted el maestro! A lo que me respondió, el maestro es el que te puso a ti delante de mí, y a mí delante de ti, yo sólo soy Arthur Rubistein”.

“Mi hermano fue comunista hasta que el capitalismo le dio una oportunidad. Y es comprensible: el joven que no es socialista no tiene futuro y el adulto que no es conservador es que no tiene cabeza. Mi hermano decía que el dinero no hace la felicidad, pero la pobreza menos, así que decidió pasar esta desdicha que es la vida, con comodidad”.

“Me contaba mi abuela en torno al día que murió Carlos Gardel. Esto ocurría en el año 1935. La noticia fue difundida por la radio. Se hicieron eco todos los barcos extranjeros anclados en el puerto de Buenos Aires. Se pusieron a sonar todas las sirenas al mismo tiempo, alguien dijo que en señal de duelo. ¿Qué sentiste ante la muerte de Gardel, abuela? A lo que ella me contestó: “Caramba, ahora sí que somos pobres de verdad”.

“Mi madre, poco antes de morir me dijo: “ Muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas”.

“Juan Francisco, mi ahijado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista porque canto, y que canto para poder comprarle chocolates, que es lo más razonable que escuché sobre mi oficio”.

“Al verme asombrado por su presencia en mi concierto, Ray Bradbury me dijo: “Me asombra que se asombre de encontrar un Bradbury viniendo de un país que tiene un Borges que es asombroso”.

“Escapa de los que compran lo que no necesitan, con dinero que no tienen, para agradar a gente que no vale la pena”.

“Si los malos supieran lo buen negocio que es ser bueno, serían buenos, aunque solo fuera por negocio”.

“El bien es mayoría, pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace mucho más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye, existen millones de caricias que construyen la vida”.

“A la señora Indira Gandhi le encantaba desayunar conmigo, me invitaba muchas veces para que le contara historias de Eva Duarte, a la que admiraba de forma profunda, tanto como yo la admiré. Cuando ya le conté todo cuanto supe de Evita, comencé a inventarme bellas historias de ella, pensando que la señora Indira no se iba a dar cuenta. Un día, la señora Indira me dijo: “Facundo, te espero mañana para desayunar, espero me sigas contando historias de Evita…, aunque sean inventadas”.

Sobre Borges:
“Cuando le pregunté a Borges porqué no había libros suyos en su biblioteca, me dijo: porque sigo teniendo el hábito de la buena lectura”.
“Cuando le pregunte qué le había parecido Arreola, que acababa de visitarlo, me dijo: es un verdadero caballero, me dejó dos o tres silencios”.
“Cuando le pregunté por Cien años de soledad, que le habían leído, me dijo: los primeros cincuenta años son memorables…”

”Usted bebe mucho, le dijo el médico a mi abuelo que tenía el mal de Parkinson. Y mi abuelo le dijo: “no crea, se me cae bastante”.

”Lo mejor de uno son los otros. Esa gente que le puso alas a mi vida, imagen, que me transformó en esto que soy; un hombre rico, inmensamente rico, en la condición que sea y donde fuere”.

”Siempre, con lo que tengas, se puede, se debe empezar de nuevo. Tenemos el deber de ser felices”.

Fuente: http://www.lapatilla.com/site/2011/07/09/las-mejores-anecdotas-y-pensamientos-de-facundo-cabral/

miércoles 29 de diciembre de 2010

GASTÓN

Lindo artículo de Mario Vargas Llosa sobre Gastón Acurio, mi cocinero preferido y una de las personas más queridas del Perú, cuyo ejemplo es digno de imitar.

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DEL CHEF…
Vargas Llosa escribe sobre Gastón Acurio

A comienzos de los años setenta, en una casa limeña situada en el límite mismo de dos barrios, San Isidro y Lince, donde se codeaban la pituquería y el pueblo, un niño de pocos años solía meterse a la cocina para escapar de sus cuatro hermanas mayores y los galanes que venían a visitarlas. La cocinera le había tomado cariño y lo dejaba poner los ojos, y a veces meter la mano, en los guisos que preparaba. Un día la dueña de casa descubrió, que su único hijo varón —el pequeño Gastón—, había aprendido a cocinar y que se gastaba las propinas corriendo al almacén Súper Epsa de la esquina, a comprar calamares y otros alimentos, que no figuraban en la dieta casera para experimentar con ellos.
El niño se llamaba Gastón Acurio, como su padre, un ingeniero y político, que fue siempre colaborador cercano de Fernando Belaunde Terry. Alentado por su madre, el niño siguió pasando buena parte de su niñez y su adolescencia en la cocina, mientras terminaba el colegio y comenzaba en la Universidad Católica sus estudios de abogado. Ambos, ocultaron al papá esta afición precoz del joven Gastón, que, acaso, el pater familias hubiera encontrado inusitada y poco viril.
El año 1987 Gastón Acurio fue a España, a seguir sus estudios de derecho en la Complutense. Sacaba buenas notas, pero olvidaba todas las leyes que estudiaba, después de los exámenes y lo que leía con amor no eran tratados jurídicos, sino libros de cocina. El ejemplo y la leyenda de Juan María Arzak lo deslumbraron. Entonces, un buen día, comprendiendo, que no podía seguir fingiendo más, decidió confesarle a su padre la verdad.
Gastón Acurio papá, un buen amigo mío, descubrió así, en un almuerzo con el hijo, al que había ido a visitar a Madrid y al que creía enrumbado definitivamente hacia la abogacía, que a Gastón-hijo no solo no le gustaba el derecho, sino que, horror de horrores, ¡soñaba con ser cocinero! Él reconoce, que su sorpresa fue monumental y yo estoy seguro de que perdió el habla y hasta se le descolgó la mandíbula de la impresión. En ese tiempo, en el Perú se creía que la cocina podía ser una afición, pero no una profesión de señoritos.
Sin embargo, hombre inteligente, terminó por inclinarse ante la vocación de su hijo, y le firmó un cheque, para que se fuera a París, a completar su formación en el Cordon Bleu. Nunca se arrepentiría y hoy debe ser, sin duda, uno de los padres más orgullosos del mundo por la formidable trayectoria de su heredero.
Gastón estuvo dos años en el Cordon Bleu y allí conoció a una muchacha francesa, de origen alemán, Astrid, que, al igual que él, había abandonado sus estudios universitarios —ella, de Medicina— para dedicarse de lleno a la cocina (principalmente, la pastelería). Estaban hechos el uno para el otro y era inevitable, que se enamoraran y casaran.
Después de terminar sus estudios y hacer prácticas por algún tiempo en restaurantes europeos, se instalaron en el Perú y abrieron su primer restaurante, Astrid y Gastón, el 14 de julio de 1994, con 45 mil dólares prestados entre parientes cercanos y lejanos. El éxito fue casi inmediato y quince años después, Astrid y Gastón exhibe sus exquisitas versiones de la cocina peruana, además de Lima, en Buenos Aires, Santiago, Quito, Bogotá, Caracas, Panamá, México y Madrid.
En estos restaurantes, la tradicional comida peruana es el punto de partida, pero no de llegada: Ha sido depurada y enriquecida con toques personales, que la sutilizan y adaptan a las exigencias de la vida moderna, a las circunstancias y oportunidades de la actualidad, sin traicionar sus orígenes; pero, también, sin renunciar por ello a la invención y a la renovación. Otra variante del genio gastronómico de Gastón Acurio es La Mar, un restaurante menos elaborado y formal, más cercano a los sabores genuinos de la cocina popular, que, al igual que Astrid y Gastón, después de triunfar en el Perú, tiene ya una feliz existencia en siete países extranjeros. Y, como si esto fuera poco, han surgido en los últimos años otras cadenas, cada una de ellas con una personalidad propia y que desarrolla y promueve una rama o especialidad del frondoso recetario nacional, T’anta, Panchita, Pasquale Hermanos, la juguería peruana, La Pepa y —el último invento por ahora— Chicha, en ciudades del interior dotadas de una comida regional propia, a la que estos restaurantes quieren dignificar y promover. En el año de 2008, la cifra de ventas del complejo fue de 60 millones de dólares.
Pero el éxito de Gastón Acurio, no puede medirse en dinero, aunque es de justicia decir de él, que su talento como empresario y promotor es equivalente, al que despliega ante las ollas y los fogones. Su hazaña es social y cultural. Nadie ha hecho tanto como él, para que el mundo vaya descubriendo que el Perú, un país que tiene tantas carencias y limitaciones, goza de una de las cocinas más variadas, inventivas y refinadas del mundo, que puede competir sin complejos con las más afamadas, como la china y la francesa. ¿A qué se debe este fenómeno? Yo creo que a la larga tradición autoritaria del Perú: La cocina era uno de los pocos quehaceres en que los peruanos, podían dar rienda suelta a su creatividad y libertad sin riesgo alguno.
En buena parte es culpa de Gastón Acurio, que hoy los jóvenes peruanos de ambos sexos, sueñen con ser chefs como antes soñaban con ser psicólogos, y antes economistas, y antes arquitectos. Ser cocinero, se ha vuelto prestigioso, una vocación bendecida incluso por la frivolidad. Y por eso, pese a la crisis, en Lima se inauguran todo el tiempo nuevos restaurantes y las academias e institutos de alta cocina proliferan.
Si alguien me hubiera dicho hace algunos años, que un día iba a ver organizarse en el extranjero “viajes turísticos gastronómicos” al Perú, no lo hubiera creído. Pero ha ocurrido y sospecho, que los chupes de camarones, los piqueos, la causa, las pachamancas, los cebiches, el lomito saltado, el ají de gallina, los picarones, el suspiro a la limeña, etcétera, traen ahora al país tantos turistas como los palacios coloniales y prehispánicos del Cusco y las piedras de Machu Picchu. La casa-laboratorio, que tiene Gastón Acurio en Barranco, donde explora, investiga, fantasea y discute nuevos proyectos con sus colaboradores, ha adquirido un renombre mítico y la vienen a visitar chefs y críticos de medio mundo.
Gracias a Gastón Acurio, los peruanos han aprendido a apreciar, todo lo que vale la riqueza gastronómica de su tierra. Él tiene un programa televisivo, en el que desde hace cinco años, visita cada semana un restaurante distinto, para mostrar lo que hay en él de original y de diverso, en materia de menú. De este modo, ha ido revelando la increíble diversidad de recetas, variantes, innovaciones y creaciones de que está hecha la cocina peruana. Cómo se da tiempo para hacer tantas cosas ,(y todas bien), es un misterio. Su programa “Aventura culinaria” ha servido, entre otras cosas, para que se sepa que, además de Gastón Acurio, hay en el Perú de hoy otros chefs, tan inspirados como él. Esa generosidad y espíritu ancho, no es frecuente entre los empresarios, ni en el Perú, ni en ninguna otra parte.
Si en Astrid y Gastón, La Mar o cualquiera de los otros restaurantes de la familia, usted se siente mejor atendido, que en otras partes, no se sorprenda. Los camareros de Gastón Acurio, —juro que esto no es invención de novelista—siguen cursos de inglés, francés y japonés, y toman clases de teatro, de mimo y de danza. Si después de recibir este entrenamiento, deciden buscarse otro trabajo, “mejor para ellos”, dice Acurio. “Esa es la idea, justamente”.
El éxito no lo ha mareado. Es sencillo, pragmático, vacunado contra el pesimismo; y, como goza tanto con lo que hace, resulta estimulante escucharlo hablar de sus proyectos y sueños. No tiene tiempo para envidias y su entusiasmo febril es contagioso. Si hubiera un centenar de empresarios y creadores como Gastón Acurio, el Perú hubiera dejado atrás el subdesarrollo hacía rato.

Mario Vargas LLosa

sábado 25 de diciembre de 2010

Es Navidad para mí



Sí, es Navidad.

En diciembre no debería ocurrir nada. Debería ser un mes un mes de tregua para el mundo, un mes de: "aquí no pasa nada". Nadie debería morirse, ni enfermarse, ni ser víctima de alguna cosa mala, o fea o triste. Debería ser un mes en que nuestras vidas continuaran sin variación, sin dolores, sin pérdidas, pero la vida es la vida y como la conocemos nos trae sorpresas que muchas veces no esperamos.
Por ejemplo, yo no puedo evitar recordar que perdí a mi madre un 27 de diciembre. Estoy segura de que ella quería irse días antes, pero por no dejarle un mal recuerdo a mi querido padre, quien cumplía años aquel 25 de diciembre de 2000, se nos fue dos días después.

No creo que haya habido nada más doloroso que su partida. Cuando ella se fue, a mis hermanos y a mí se nos fue uno de los momentos más importantes de nuestras vidas: la Fiesta de Navidad. ¿Vieron que escribí "fiesta" con mayúsculas? Es que así era cada Navidad para nosotros, los O'Connor Podestá. Todo, todo, gracias a ella, que hacía magia para que todos seamos felices y para que mi padre, el dueño del "santo" sea doblemente feliz. Ella era quien hacía que los fuegos artificiales sean más lindos e iluminados, que los cohetones dejen de parecer armas letales, quien dejaba que mis hijos, mi esposo, mis hermanos, mis sobrinos, prendieran lo que les ocurriera en el jardín o en el muro de la casa, sabiendo que al día siguiente tendría que volver a pintarlo porque quedaría negro por la pólvora que explosionaba en medio de la algarabía de toda la familia.

Así era mi madre, la "reina de la Navidad", quien nos regalaba todos los regalos que podía a cada uno de los cinco hermanos, siempre en memoria de mi abuelo Juan, a quien nunca conocí porque yo nací "de yapa", luego de nueve años de haber "cerrado la fábrica" de cuatro hermanos anteriores, y ella era por entonces, allá por el 61, una mujer de 44 años que les dejó una herencia feliz de amor y unión familiar que hoy trato de conservar para mí y mis seres queridos.

Mis Navidades fueron lo mejor que me ocurrió en la vida y así como las viví se las he transmitido a los míos. Ayer mi hijo me dijo: "¿sabes, mamá? Siento pena por aquellos momentos que viví y no volverán". Sinceramente, no supe qué responderle porque la navidad sin ella ya no es Navidad.

Hoy solo puedo decirles que tengo el orgullo de ser hija de quien fue Aída Podestá de O'Connor, quien me hizo la vida feliz, leve y ligera de equipaje, tal como me gusta ser, sin tonterías ni veleidades, simplemente un ser humano como cualquier otro, con sensibilidad, caprichos, tonterías y humanidad. Permitió que pudiera desarrollar mi personalidad: buena, mala o fea pero consciente, lo que resume mi vida hasta hoy, con todos mis defectos y virtudes.

Gracias mamá, gracias "Mamía", por ser quien soy.

¡Feliz Navidad a todos!

Sol O'Connor.

domingo 12 de diciembre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

Creo que esta es una excelente oportunidad para retornar a mi blog, al que he abandonado desde hace algunos meses, pero he despertado dada mi afición y amor absoluto a las Letras, pues Mario Vargas Llosa ha sido elegido Premio Nobel de Literatura 2010 y él merece que haga mi mejor esfuerzo para empezar a volver a escribir mis historias, esta vez, personales. Espero tener la constancia y su ejemplo para continuar en esta brega.

Es cierto que yo he sido una de tantas críticas terribles y silentes de Mario porque me quedé con la imagen-idea (valga el guion de por medio) de “El pez en el agua”, el último libro que leí y lloré de MVLl. Lo lloré con verdadera pena y lágrimas reales pues creí que era muy injusta la opinión que él presentaba sobre nosotros y mi querido Perú. Creí que él estaba resentido con los electores peruanos para haber escrito tantas cosas terribles sobre mi país que es suyo, también, sin darme cuenta de que hablaba en nombre de la democracia, tan indispensable hoy en día.

Cuando él perdió las elecciones lloré de rabia y de pena. En aquella oportunidad pensé que los peruanos éramos –por entonces- incapaces de elegir al candidato perfecto, de lujo, que se perdía mi adorado Perú, la tierra en la que nací y que hoy entiendo, gracias a él, que fortuitamente soy y siempre seré peruana, pero eso sí, sobre todas las cosas y a pesar de los apellidos extranjeros que por herencia me pudieron tocar, el Perú es mi patria amada y no hay nadie que me va a quitar mi peruanidad. Mi nacionalismo tiene dos frentes: el antes y después de Mario. Antes, porque yo me creía nacionalista hasta que él en su discurso inicial previo a la entrega del Nobel 2010, “Elogio de la literatura y la ficción”, me hizo entender que lo mío era patriotismo, puro y sin mancha, no así nacionalismo (chovinismo) y después: el patriotismo, verdadero amor por la patria, así como su desarrollo e inserción en el mercado internacional y ante todo, por la libertad de expresión, en la mejor de sus definiciones, sumada a esa democracia absolutamente indispensable para el ejercicio de esa libertad.

Mario ha recibido por fin el Nobel de Literatura, algo impensable para mí y para muchos peruanos. Siempre escuché y creí que dados los antecedentes liberales de MVLl hacían imposible que recibiera en algún momento de la historia este premio honorario a su trayectoria impecable de literatura y opiniones políticas contrarias a la izquierda que por lo general había normado estos premios tan ilustres e importantes.

Escuchar que Mario ha encapsulado en una burbuja la historia de la literatura que hoy permanece y reluce fue algo que me superó absolutamente, sobre todo porque en la entrega del premio, quien el presentador de la ceremonia de entrega de los "Nobel" le pidió a Mario, en castellano, que se acercara a recibir el galardón de manos del Rey de Suecia, colmó todas mis expectativas.

Reconozco que he tenido una relación personal de amor-odio por MVLl. Ha pasado el tiempo y no me queda otra opción que, racionalmente, interpretar que Mario no se equivocó como demócrata cabal que es. Todo lo que él pensaba es lo que pienso y quiero hoy, no solo para mi país sino para toda Latinoamérica y para aquellos países que aún continúan en el yugo de la falta de libertades en general, las que no enumeraré porque son por demás conocidas y yo, de política tengo casi nada, pero informada y algo viajada sí soy.

En fin, retomo mi blog con esta estupenda noticia: mi compatriota Mario Vargas Llosa ha recibido el Nobel de Literatura 2010 y me siento tan feliz como si fuera yo misma o alguno de mis parientes quien lo hubiera recibido. Más aún cuando escuché su elogio a la mujer de su vida: Patricia. Estoy segura de que todas las mujeres quisiéramos recibir un reconocimiento de nuestra pareja como el que ella recibió en aquel momento.

Sol O’Connor


http://www.youtube.com/watch?v=aL1Uc8_M1Zk&feature=related

sábado 30 de octubre de 2010

Dormir abrazada a un hipopótamo



Me gusta mucho cómo escribe Rosa Montero. Acabo de leer este artículo y me siento muy identificada.
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Vistos de cerca, todos los individuos somos raros. Vistos de muy cerca, incluso rarísimos. Se podría decir que la rareza es la normalidad del ser humano. Y uno de los entornos que más permiten el florecimiento de la excentricidad y de la manía íntima es, como no podía ser menos, la cama. Pero no la cama como eufemismo de la sexualidad (en eso también se dan ciertas rarezas, pero, contra lo que la gente suele imaginar, me temo que ahí se peca bastante más de monotonía rutinaria), sino la cama de dormir y de sudar las gripes, la cama de los sueños y las pesadillas, el nido elemental, el refugio último del animal que somos.

“La inmensa mayoría de las personas tiene sus rituales y obsesiones a la hora de acostarse”
Y así, mi teoría es que la inmensa mayoría de las personas tiene sus rituales y obsesiones a la hora de acostarse. Empezando por el lugar de la cama que ocupamos: al pasar la noche por primera vez con una nueva pareja, siempre hay que cruzarse en algún momento esa pregunta fundamental: ¿duermes a la izquierda o a la derecha? Porque a la mayoría nos fastidia profundamente vernos desalojados de nuestro lado habitual (he aquí la primera incompatibilidad en una relación). Todos poseemos, en fin, pequeñas liturgias que forman parte de nuestra vida secreta, cosas tontas que sin embargo no nos gusta contar, porque son la nuez de nuestro ser privado. Tengo una amiga que, para dormir, tiene que encasquetarse una especie de viejo gorro andino con orejeras. Otra amiga, una escritora latinoamericana buenísima, me acaba de enviar por email esta maravillosa confesión: “Te cuento que yo duermo con: 1) Una almohada entre las rodillas. 2) Tapones para los oídos. 3) Férula de relajación contra el bruxismo. 4) Un HIPOPÓTAMO que abrazo en la noche. 5) Bolsa de agua caliente casi todo el año. Y esto es lo que hay. ¿Es sexy? No, no es sexy, pero es lo que hay. Creo que no podría dormir sin alguna de esas cosas”. A decir verdad, es esta carta genial la que me ha dado la idea de escribir un artículo sobre el tema.
Y no se trata solo de extravagancias de mujeres supuesta y tópicamente neuróticas. Conozco a muchos hombres que también están llenos de rituales. Tipos que solo pueden conciliar el sueño si llevan puesto un antifaz (aunque la habitación esté oscura como cueva de oso). O que necesitan vestirse con una colección de camisetas viejas y raídas que cuidan como si fueran un delicado tesoro. ¡O que tienen que tomar un colacao antes de acostarse, como los niños! Mi padre se enrollaba una toalla en los pies, porque siempre los tenía fríos (curioso que no pensara en ponerse calcetines); y luego se cubría la cabeza con la sábana, a modo de pañuelo islámico. Como decía mi amiga la escritora, ¿es esto sexy? Pues no, no lo es. Pero a mi madre nunca pareció molestarle. Eso es el amor, si te paras a pensarlo; el verdadero amor es saber que tu pareja duerme con una toalla en los pies y seguirle queriendo de todas formas. El verdadero amor solo se consigue cuando empezamos a conocer estos pequeños secretos aniñados del otro. Las manías de la cama, que nos retrotraen a nuestro lado más infantil. Más inconsciente, más hondo. Hasta que no sabes cómo duerme de verdad tu amante no has empezado ni a rozar su corazón.
Porque muchos engañan, o engañamos (yo también tengo mi manía a la hora de dormir, y desde luego no pienso contarla aquí a los cuatro vientos). Muchos, en el momento de pasar una noche por primera vez con alguien, escondemos nuestro pequeño secreto: el roñoso hipopótamo de peluche, la vieja almohadita que acarreamos a todas partes como si fuera la frazada de Linus, el pañuelo de seda casi desgarrado que necesitamos frotar entre dos dedos para dormirnos, el gorro de lana, los patucos, el antifaz, los tapones para los oídos, el trapo para envolver los pies, las orejeras, el pequeño muñeco de celulosa que tienes que meter bajo la almohada, los guantes, la bufandita al cuello, la bolsa de agua caliente… Y así hasta el infinito. Y sin duda uno de los momentos cruciales del desarrollo de una relación es cuando por fin te atreves a confesar al otro que duermes con una pinza nasal para respirar mejor. ¡Son tan desmitificadores estos rituales! Jefes de Estado que se chupan el dedo para conciliar el sueño, terroristas de Al Qaeda que se acuestan con camellos de trapo… Ah, qué gran investigación sociológica y psicológica sería esa… Desvelar el supremo secreto de nuestras manías nocturnas. ¿Cuál es la tuya?
www.rosa-montero.com
http://www.elpais.com/articulo/portada/Dormir/abrazada/hipopotamo/elpepusoceps/20101017elpepspor_17/Tes

lunes 21 de junio de 2010

Cuando un amigo se va...


Cuando un amigo se va queda un espacio vacío…

Así empieza la letra de una canción que siempre me gustó y nunca tuve la intención de dedicársela a nadie… Hasta que partiste, mi amigo-más-que-amigo de la adolescencia, de mis 17 años, de esa edad dorada en que la muerte no existe y ni se nos ocurre pensar en que ya forma parte de nosotros desde que nacemos.

Y es que te me fuiste de esta vida como un rayo, después de buscarte durante tanto tiempo... Cuando por fin te encontré, lo primero que pensé fue que ese Dios en el que tú y yo siempre creímos me hizo un regalo, para que quienes te queremos, recuperemos tus huellas bohemias y así volvamos a recordarte como eras antes: el flaco de la sonrisa sincera de lado a lado, bohemio de pelo largo, impetuoso, irreverente, impulsivo, irritable, guerrero, bromista, sensible, un loco bueno, feliz y generoso hasta el punto de quitarte la camisa si alguien la necesitaba, porque para ti la amistad fue siempre lo primero y la plata era sólo un medio, nunca un fin, y así la tuviste y así la usaste, en tu ley y como quisiste.

Signos inequívocos de tu libertad fueron siempre tu Quena –no en vano tu hija preciosa se llama así- y tus sandalias, esas ‘chanclas’ que desde aquellos tiempos limeños de los setentas conservaste siempre. Llegabas tocando Bourée, con esa entonación que siempre me hacía salir a la ventana, moreno de mirada limpia y transparente, a veces azul y otras verde mar, con esos ojos preciosos y el pelo libre al viento, con tu voz medio cascada que hoy me hace evocar al mar que siempre amaste.

Nos has dejado legados para compartir entre quienes te queremos: el arte de tu música y esas fotos que por curiosa y de tanto fastidiarte colgaste en Facebook. Nos dejas también el valor de la amistad y hasta tu testimonio sobre el régimen que hoy está sufriendo Venezuela, el país que los acogió durante tantos años desde que partieron de Lima y que después de tanto tiempo se convirtió ya en el hogar de tu familia.

Nunca imaginé que te encontraría para tener que despedirte a la distancia y tan temprano, pero si algo ha valido la pena en esta búsqueda mía ha sido volver a verte y escucharte aunque sea por medio de una fría webcam que en aquellos momentos, cuando la prendías, se me hacía cálida porque para ti era más fácil hablar que escribir y así podía verte y escucharte igual que antes, y vaya que nos encargábamos de recordar detalles de cuando éramos tan jóvenes, entre risas y hasta asombro por la memoria que ambos teníamos de aquellos recuerdos.

El destino me dejó con el adiós en la boca aquella última vez que hablamos y nunca te lo llegué a decir porque dentro de mí no quise reconocer que te nos ibas a ese lugar mejor para ti, donde hoy por fin eres libre nuevamente, como mereces.

Me gustaría por un instante volver a mis 17 y a tus 22, a sentarnos en la hierba del Malecón Cisneros a esperar las 6 y 39 de la tarde uno de aquellos sunsets limeños de los veranos de Miraflores, mientras tratábamos de adivinar si se iría o no ese cordón de nubes que amenazaba con tapar el horizonte y dejarnos sin pedir un deseo cuando se ocultaba el sol.

Una parte de mi corazón se fue contigo y también una parte de tu corazón quedó conmigo, y dondequiera que estés quiero creer que hoy respiras por fin con libertad ese aire que tanto necesitabas y que también desperdiciaste, por qué no decirlo.

Nunca te olvidaré, como no lo hice durante estos 32 años que no supe nada de ti. Sé que tengo que comprender que sólo te nos adelantaste para recibirnos con tu música cuando te demos el alcance.

Hoy que cumples 54, soy yo quien te regala Boureé de Jethro Tull.


Jethro Tull – Bourée
http://www.youtube.com/watch?v=N2RNe2jwHE0&feature=related

In memoriam
Lucho García Montero
21-06-1956 - (+) 04-06-2010

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